VIVIMOS EN COMUNIDADES FRATERNAS
Consideramos que en nuestro mundo herido, el signo de la fraternidad tiene la capacidad de acercar a todos la Buena Nueva de Jesús. Por eso la comunitariedad es para nosotras estilo de vida y profecía. Optamos cotidianamente por la fraternidad, que expresamos: a) en relaciones significativas, bajo el signo profético de la filiación y de la fraternidad. Vivimos en comunidades fraternas en las que cultivamos relaciones significativas, cargadas de humanidad y de vida nueva. Relaciones basadas en el respeto a la alteridad y el cultivo de la circularidad y de la mutualidad.
Viviendo la unidad en el amor deseamos ser:
Soñamos con ser y vivir en comunidad aquello que es y significa nuestro nombre: Caridad redentora. La caridad es como una activa esperanza de lo que las demás hermanas pueden llegar a ser gracias a nuestra ayuda fraterna. El diálogo, la amistad, el encuentro cotidiano en el amor, la confianza y la apertura presiden nuestras relaciones. Consideramos la pluralidad como riqueza y que la individualidad de cada hermana es importante para la construcción de la comunidad.
b)
en contacto con el misterio de Dios en la oración. Nuestras comunidades
beben amor fraterno en contacto con el misterio de Dios. Son comunidades orantes,
que se renuevan en torno a la Eucaristía y que se hacen solidarias
con el destino de la humanidad. Presentamos al Señor los acontecimientos
del mundo, sus angustias y sus esperanzas, pidiéndole que se manifieste
y se haga conocer allí donde es ignorado.
c) en servicio a los seres humanos menos favorecidos. Nuestras comunidades son comunidades en misión y para la misión, que llevan adelante el mismo proyecto de Jesús: Proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia de parte del Señor (Lc 4,18).
son inherentes al mismo hecho de la evangelización. En la realización de la misión contemplamos al ser humano en su totalidad, a cada persona real, concreta, histórica y querida por Dios, en su contexto concreto y en el camino de la pluralidad. Con toda la Iglesia y con las fuerzas sociales que buscan el bien de los seres humanos, la plenitud de la historia y la recapitulación cósmica de todas las cosas en Cristo, vivimos la espiritualidad de la comunión y el diálogo de la caridad, colaborando activamente en proyectos compartidos:
En nuestras comunidades hacemos camino con María, la mujer verdaderamente discípula, a la escucha de lo que El nos diga. Ella, con su compromiso vivido con gozo y exigencia, está presente en cada uno de nuestros actos de amor, en nuestro esfuerzo de transformación evangélica, en nuestro empeño humanizante y en nuestra opción por los más pobres, esclavos y débiles del mundo. |