Mercedarias de la Caridad

Las Mercedarias de la Caridad os dan la Bienvenida

Nuestra misión en San Isidro de Nijar : Testimonio de Vanesa

Destacamos algunos párrafos del relato que Vanesa ha hecho acerca de su experiencia vivida en nuestra misión en San Isidro  de Níjar y Campohermoso durante unos días. ( Enviado por Sor Purificación Bonilla)

 Hola a todos:
 
Quiero compartir mi experiencia con vosotros. Algunos días de agosto estuve en San Isidro de Nijar  y Campohermoso (Almería). Me fui con Abi y Laure que pertenecen a las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres, bueno Laure está a punto de entrar. Quiero agradecer a las Hermanas la casa que nos dejaron durante nuestra estancia.

Lo primero que te llama la atención al llegar a Almería, es la inmensidad del mar de plástico que cubre sus tierras, sus plantaciones. Mires hacia donde mires, verás por doquier invernaderos infinitos, es la huerta de Europa pero, desgraciadamente, está llegando a su fin.
 
 Aún recuerdo cómo me impresionó ver el lugar dónde vivían los africanos, el primer día que los visité no me atreví a sacar la cámara del bolso. Más adelante al tener más confianza con ellos, ya había comenzado a dar clases de español, les pedí permiso para hacer fotos, sus rostros están alejados, lo que quería destacar es el lugar en el que viven, no a la persona, creo que a nadie le gustaría vivir así. 
 
A veces no es necesario irse a Zimbabue para ver la miseria y la pobreza del ser humano, en ocasiones la pobreza está tan cerca que debemos hacer algo para erradicarla. Esos cortijos semiabandonados, o aljibes, o camiones del revés, donde viven seres humanos, 15 ó 20 personas, es inadmisible en esta sociedad capitalista occidentalizada y supuestamente desarrollada. Lo más impresionante es la actitud de algunos chicos, " no pasa nada" me dice un ghanés, " no problema mama" (es la forma que tienen de llamar a las Hermanas), realmente están rodeados de problemas, sin embargo la actitud es distinta a lo esperable, ven que hay personas españolas preocupadas por su situación, no están solos, creen en Dios y tienen a las Hermanas, no puedo imaginarme qué sería de ellos si ellas no estuvieran. Me quedé con la frase que ellos suelen repetir constantemente, se oye muy a menudo el "NO PASA NADA". La situación sigue ahí, pero es la actitud la que cambia, me doy cuenta de lo mucho que tengo que aprender de estas personas.  Me dan lecciones, aprendo continuamente a valorar la vida, a tener afán de superación, estos africanos me han dado mil vueltas en la Fe, ellos se abandonan plenamente en Dios, a mí aún me cuesta, siento la Fe que tienen y cómo se enfrentan a la vida sin nada más que su existencia desnuda, sin nada, solamente el ser y su fe, ¿y yo? me cuestiono todo, me gustaría dejarme hacer en manos de Dios, dejar mi vida en sus manos, que Él la moldeara, quisiera aumentar mi FE, tener la coherencia de las Hermanas. Amar a Dios por encima de todo, del dinero, del trabajo, de todo lo que me obstaculiza en mi vida. AMAR A DIOS.
Como dijo Mamadou, "la Fe es primordial".
 
 Ante la cantidad de necesidades que existen en San Isidro, las Hermanas no se desesperan, me pregunto de dónde sacarán esas fuerzas diariamente, son el Evangelio vivo. Lo que me emociona es su fuerza, su calma, la serenidad que desprenden. Veo que la sociedad necesita más Puris, Aracelis, Anas, Remedios, Mercedes, (hermanas mercedarias de la caridad), que no salen en los medios de comunicación, sin embargo su labor deja huella. 
 
He aprendido a sacar fuerzas, a tener Fe, a saber que nada es imposible, a tener esperanza, he sentido allí a Dios por todas partes, es difícil no verlo, sé que ese lugar me llamaba, aquel pueblo llamado San Isidro de Níjar, me llamaba desde lo lejos. Además el nombre es el mismo que el patrón de Madrid. Cuando les contaba mi vivencia a mi familia y algunos amigos, aún siguen sin entender por qué me fui allí, por qué quería ver aquello, lo mismo me preguntaba de pequeña cuando un misionero iba a mi colegio a relatarnos sus experiencias por África, y yo me preguntaba por qué dejaba todo el confort y las comodidades de su casa y sus seres queridos y se iba tan lejos, ¿PARA QUÉ?  para ayudar a desconocidos, aún sin entender me atraía aquella actitud, de dejarlo todo y encaminarse hacia donde Dios te llama, a vivir con los más pobres, a ser su palabra de aliento, a dejarlo todo e ir adonde existe la pobreza más absoluta. Siempre le digo a Dios que me lleve a donde Él quiera, quiero saber cuál es el proyecto que tiene preparado para mí, quiero ser como Pedro que lo dejó todo y le siguió. Le pregunto a Dios: Señor, ¿qué quieres de mí?
  
 A cualquier lugar al que voy, a mi familia, a mis amigos les hablo de las Hermanas mercedarias de la caridad, me han impresionado su fuerza para salir adelante, su filosofía de "problemas cero", su amor hacia la Palabra viva del Evangelio, su coherencia, he aprendido  que con poco se puede vivir, a aprovechar los recursos, a gestionarlos, a motivar a las personas, a inyectarles esperanza, a que cada uno se sienta útil en la comunidad.  A pesar de sus edades y achaques, las Hermanas son las manos de Dios, me acuerdo de una cita del Evangelio "LA MÍES ES MUCHA Y LOS TRABAJADORES POCOS" (Mt 9, 37). No obstante, ellas están  cercanas al joven africano que no tiene nada, son intermediarias de cualquier incidencia, mejor dicho injusticia que se comete con ellos cuando el empresario no quiere pagarles, motivan a las mujeres marroquíes para asistir a las clases de español. Ellas son su voz, son la voz de los que no tienen voz, de las personas que viven junto a los invernaderos en condiciones miserables, de los que permanecen en las plazas en silencio, sin tener nada que hacer. Ellas son sus clases de español, su taller de costura y pulseras, su bolsa de alimentos, su alegría en la Iglesia, su reuniones de cristianos los sábados por la tarde, sus colchones, sus mantas, sus bicicletas, etc. Ellas son su esperanza viva, porque sin ellas, qué sería de los africanos que llegan a Almería buscando un sueño invisible. Ellas son la Iglesia viva. Se sienten agradecidas porque Dios las ha colocado ahí, para ayudar al prójimo. Son sus brazos, sus ojos, su voz. Siempre está su puerta abierta, porque siempre están allí.



 Me asombré de la cantidad de actividades que realizan, de sus iniciativas, de que siempre están en el camino, me doy cuenta de que Dios las conduce, de su sencillez, de su humildad y proximidad, no pierden el tiempo en criticar, se ponen mano a la obra allí donde haga falta. He aprendido tanto de ellas y de lo que está sucediendo en Campohermoso y san Isidro, que me gustaría transmitirlo todo. La guardia civil en ocasiones les deriva más personas africanas para que ellas solucionen su situación. Siempre las veréis con una sonrisa en el rostro, con la mirada brillante, despierta, dispuesta a ayudar. Creo que eso es lo que nos pide Dios, que seamos capaces de disponernos a los demás, de ayudar, de servir a la humanidad, de hacer el máximo bien que esté a nuestro alcance, de transformar nuestro ambiente, de humanizar nuestro entorno, de ser fermento, ser antorcha en la oscuridad, que seamos ESPERANZA.
 
 Con esta experiencia me he dado cuenta, que conviene detenerse en la vida, para saber hacia dónde vas, despejar el ruido de la mente para saber cuál es el verdadero camino que tiene Dios para cada uno de nosotros. Conviene distanciarse de la vida que uno lleva para tomar perspectiva de lo que has hecho hasta ahora y preguntarse lo que Dios quiere para ti, quizás los planes no coincidan en absoluto. Yo quiero ser las manos de Dios. Esta vivencia es un regalo de Dios. He aprendido de cada una, de la incansable Abi, de la sonrisa perpetua y el espíritu valioso de Laure, del inconformismo de Alma, de que Todo es posible. 
  
El correo de las Hermanas mercedarias de la caridad de san isidro es: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
  
Os agradezco vuestra atención y tiempo al leer estas pinceladas de mi experiencia. Mil abrazos para las Hermanas Mercedarias de la caridad y las de
la Sagrada Familia.
 
Os quiero mucho,
 
Vanessa

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Comentario:

 

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